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MUJERES,
por Laura Batkis
El mundo de Cristina Trovato se circunscribe
a la reflexión sobre las situaciones psicológicas
ligadas a la constitución de la subjetividad femenina. Ese
difícil equilibrio entre el rigor y la desmesura que describe
las elecciones cotidianas de una mujer del siglo XXI. Optar por
ser la fémina domesticada con un mandato cultural transmitido
a través de generaciones o animarse- como en uno de sus cuadros-
a tirarse aunque sea a una fuente para nadar en libertad. No se
trata de una postura feminista sino de una mirada compasiva hacia
un sector de la población al que ella pertenece.
En fondos planos y colores netos, las pequeñas figuras de
estas mujeres, chiquitas, acompañadas y acompañantes,
se abrazan solidariamente sentadas sobre un muro colorado. Con sus
trajes de baño modelo década del ’50, la malla
enteriza las cubre y protégé, como el gorro de plástico
que tapa sus cabelleras. Mientras tanto, otras trepan para intentar
ocupar algún lugar de dudoso prestigio. Pudorosas, bailan
en el pequeño espacio de una bañera, sin siquiera
percibir que la libertad es siempre la cárcel deseada.
La técnica de aparente ingenuidad le otorga a sus imágenes
la atmósfera de un clima lúdico, infantil, donde la
vida es un juego con el que hay que lidiar todos los días.
Jugando afuera, como en unos de sus cuadros, o tomando el riesgo
de caminar por la cuerda floja, aunque a veces el final sea terminar
hundido en una taza de té. Otra de sus chicas se toma un
descanso en un spa casero dentro de una fuente en la cocina, mirando
de reojo el calendario de almacén, que marca de manera implacable
el transcurrir del tiempo. Ver
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